1. Hoy, en esta celebración se nos invita a todos a llenarnos de alegría. El profeta Isaías nos decía hoy en la primera lectura: “Prorrumpan en gritos de alegría, ruinas de Jerusalén, porque el Señor rescata a su pueblo, consuela a Jerusalén.”
  2. ¿Cuáles son estas ruinas de las que habla el profeta? Estas ruinas somos nosotros. ¿Por qué decimos que nosotros somos esas ruinas? Si nosotros recordamos el plan que Dios tuvo al crear a la humanidad y la hermosura y la perfección con la que creó a nuestros primeros padres, podríamos decir que, de hecho, estamos en ruinas. En medio de nuestras miserias, apenas se puede entrever la grandeza que Dios quiso para la persona humana.
  3. Pues a estas ruinas, que somos nosotros, se nos invita ahora a gritar llenos de alegría porque el Señor ha venido hasta nosotros para rescatarnos de nuestras miserias, para restaurarnos y darnos de nuevo la grandeza que habíamos perdido.
  4. Nos dice el Profeta: “Tus centinelas alzan la voz y todos a una gritan alborozados, porque ven con sus propios ojos al Señor, que retorna a Sión.” En la Navidad, nosotros podemos ver a Dios con nuestros propios ojos, porque Él se ha revestido de nuestra carne mortal; se ha hecho uno de nosotros.
  5. Lástima que nosotros nos acostumbramos con mucha facilidad a ver las maravillas de Dios y hemos perdido nuestra capacidad de asombrarnos. Cuando nosotros vemos la escena del establo de Belén, nos parece algo muy bonito, muy simpático y muy tierno. Pero no nos sentimos impresionados por lo que realmente significa esa realidad del establo de Belén.
  6. No nos impresionamos al ver que el mismo Dios, creador y Señor del universo, hecho hombre, nace en la pobreza y en la miseria de un establo. No ha encontrado un lugar en la posada.
  7. En Belén contemplamos que el dueño de todo, se despoja de todo para enriquecernos con su pobreza. Que el que es el consuelo de los tristes y refugio de los oprimidos, se acerca a nosotros pidiendo el calor de nuestro cariño.
  8. Tengamos muy claro que la Navidad no es una fiesta infantil. Es la presencia del Dios del universo en medio de nosotros; Dios que se hace hombre y nos ofrece su amor y su vida; Dios que se hace hombre para que el hombre pueda participar de su vida divina.
  9. La lectura de la Carta a los Hebreos nos hace ver que Dios desde el principio de los tiempos se ha estado comunicando de muchas maneras a la humanidad. Nos decía que en distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios en el pasado a nuestros padres, por boca de los profetas.
  10. Y, ¿Por qué Dios quiere comunicarse con la humanidad? Por una razón: porque Dios nos ama y quiere hacernos participar de su vida, de su amor, de su intimidad.
  11. Y, por si todo esto fuera poco, la Carta a los Hebreos agrega algo muy importante: “Ahora, en estos tiempos, nos ha hablado por medio de su Hijo, a quien consti­tuyó heredero de todas las cosas y por medio del cual hizo el uni­verso.”
  12. Dios nos habla por medio de su Hijo. Su Hijo es la Palabra de amor que Dios nos dirige a cada uno de nosotros. En su Hijo, el Padre nos ha dado a conocer cuál es el camino que nosotros hemos de seguir para poder vivir una vida nueva.
  13. Gracias a Cristo, nosotros tenemos la posibilidad de conocer y entrar en comunión con el Padre. La carta a los Hebreos nos da a conocer quien es Cristo: “El Hijo –dice- es el resplandor de la gloria de Dios, la imagen fiel de su ser y el sostén de todas las cosas con su palabra poderosa.” Cristo, en sí mismo es la Palabra del Padre. Y por medio de Cristo y de su Palabra podemos conocer al Padre.
  14. La lectura del Evangelio que acabamos de escuchar completa lo que nos ha dicho la Carta a los Hebreos y nos hace descubrir quién es realmente ese niño que nace en Belén.
  15. Además, nos hace ver la actitud que nosotros debemos tener ante el hijo de Dios hecho uno de nosotros. Y nos invita a abrir el corazón a la vida nueva que nos ofrece.
  16. Primeramente nos enseña que ese Niño que nace en Belén es el mismo Dios que creó los cielos y la tierra. Es el Hijo único del Padre que está con Él desde toda la eternidad. Eso es lo que nos enseña cuando afirma que: “En el principio ya existía aquel que es la Palabra, y aquel que es la Palabra estaba con Dios y era Dios. Ya en el principio Él estaba con Dios.
  17. Cristo, Palabra del Padre, ha estado siempre con Él y por medio de Él fueron creadas todas las cosas. Afirma el Evangelio que “Todas las cosas vinieron a la existencia por él y sin él nada empezó de cuanto existe.” El Hijo, por lo tanto, es creador juntamente con el Padre y el Espíritu Santo. Ese Niño que nace es nuestro Creador, Nuestro Señor.
  18. Cristo, que es la Palabra viva del Padre, es para nosotros la luz verdadera, que ilumina a todo hombre que viene a este mundo. Esta Palabra que nos ofrece la vida ha estado siempre presente en el mundo. Se ha manifestado de muchas maneras. En el mundo estaba; el mundo había sido hecho por él y, sin embargo, el mundo no lo conoció.
  19. La humanidad ha cerrado los oídos a la voz de Dios y continúa rechazando la Palabra de Dios. Cuántas veces Dios nos ha llamado a la conversión y nos ha invitado a vivir una vida nueva, y no le hemos sabido escuchar.
  20. Es triste constatar que esta Palabra “vino a los suyos y los suyos no la recibieron.” Nosotros mismos, que hemos nacido a la vida de hijos de Dios por el Bautismo muchas veces no hemos querido aceptar la Palabra que ha venido a nosotros. Allí está la razón por la que no somos lo que deberíamos ser. No vivimos como Hijos de Dios.
  21. Pero agrega el Evangelio: “A todos los que recibieron la Palabra eterna del Padre les concedió poder llegar a ser hijos de Dios”. Hemos nacido a la vida divina por medio de la Palabra. Recobramos la gracia, cuando la perdemos, por medio de la Palabra. Y esa Palabra nos transforma y nos renueva en la medida en la que la dejamos habitar entre nosotros.
  22. Hoy, en esta solemnidad de la Navidad estamos celebrando llenos de alegría que Aquel, que es la Palabra, se hizo hombre y habitó entre nosotros. Que Dios se ha hecho uno de nosotros y nosotros podemos contemplarlo cara a cara. Podemos acercarnos a Él sin temor. Podemos hablar el mismo lenguaje, porque se ha hecho uno de nosotros.
  23. En Cristo hemos podemos contemplar la gloria de Dios, porque esa gloria le corresponde a Cristo como a Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
  24. Ese es el gran misterio de la Navidad. Este es el Niño que nace entre nosotros. Este es el Dios que nos ama como nadie nos ha amado jamás.
  25. Ojalá que esta Navidad sea para todos nosotros la ocasión de acercarnos más íntimamente a Jesús. Recordemos que nuestra vida no tiene ningún sentido si la vivimos alejados de Cristo. Recordemos que hemos sido creados para Dios y que solamente en Él podremos encontrar nuestra plenitud.
  26. Por eso, en esta Navidad, no nos quedemos solamente en las cosas externas propias de este tiempo del año. Tratemos de profundizar en lo que realmente significa este misterio maravilloso del “Dios con Nosotros”. Recordemos que no estamos solos. Dios nos acompaña en todo momento.
  27. Avivemos nuestra Fe, como San José y la Santísima Virgen, para poder descubrir, en ese Niño que tiembla entre las pajas del Pesebre, al Dios infinito y eterno, Creador y Señor de todas las cosas, que se hizo uno de nosotros para que nosotros pudiéramos participar, por la gracia, de su vida divina.
  28. Reflejemos en nosotros el misterio de la Navidad amando con todo nuestro corazón a nuestro prójimo, en quien Cristo se ha hecho presente y a quien quiere que le manifestemos nuestro amor.

 

Oración de los fieles

Sacerdote: Presentemos al Padre las necesidades y deseos de todos los hombres, y pidamos a Jesús, el niño de Belén, que interceda por nosotros con gemidos humanos y divinos.

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Sacerdote: Padre bueno, mira a tu pueblo que vuelve los ojos a Belén, y dale la paz que te suplica al adorar a tu Hijo; haz que en todos los corazones hoy se manifieste tu salvación, y atiende cuanto con fe te hemos suplicado. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

 

 

 

 

 

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