1. Hoy estamos celebrando el domingo de la Sagrada Y es muy natural que, después de recordar el nacimiento del Hijo de Dios en el seno de una familia, contemplemos esa familia en la que Él vivió para encontrar en ella el modelo de lo que deberían ser todas nuestras familias.
  2. Nuestro mundo en la actualidad está viviendo una crisis muy grave y peligrosa. Se han perdido los valores. Y es claro que, cuando los valores se pierden, todo se viene abajo. Todo se derrumba. Sobre todo, cuando se pierden aquellos valores que nos ponen en relación con Dios.
  3. Hoy día, estamos viviendo las consecuencias del hecho de haber expulsado a Dios de nuestra realidad humana. En nombre de la Libertad, hemos querido construir una sociedad sin Dios, sin moralidad y sin valores. Esto nos ha llevado a enfrentarnos los unos en contra de los otros. Nos estamos destruyendo mutuamente.
  4. Por desgracia, esto es algo que nosotros no terminamos de entender. Todavía hay muchas personas que se mantienen en su rechazo a Dios. Y es claro que, mientras nuestra sociedad humana no vuelva a poner su mirada en Dios y se disponga a seguir sus caminos, vamos a ir caminando de mal en peor.
  5. Dios, que nos ama infinitamente, ha visto esta situación que estamos viviendo y se ha compadecido de nosotros. Por eso es que quiso enviarnos a su propio Hijo para enseñarnos el camino que hemos de seguir para volver a encontrarle el sentido a nuestra existencia.
  6. El Hijo de Dios para salvarnos, al hacerse hombre quiso hacerlo en el seno de una familia. Con esto nos hizo ver que nosotros nos hacemos verdaderas personas humanas dentro del ambiente familiar. No hay nada que pueda sustituir el papel que le corresponde a la familia. La sociedad será lo que sean las familias que la compongan.
  7. Una sociedad con familias rotas y desintegradas, será una sociedad rota y desintegrada. Una sociedad formada por familias bien constituidas, en paz y unidas vitalmente a Dios, será una sociedad unida, en paz y tendrá a Dios en su centro.
  8. Para que exista una verdadera familia no basta con que estén presentes el padre, la madre y los hijos y que todos ellos vivan en una misma casa. Para que exista una verdadera familia, es necesario cultivar en ella un conjunto de actitudes que vayan haciendo que la familia sea una comunidad acogedora y formadora de cada uno de sus miembros.
  9. En la segunda lectura que hemos escuchado hoy, el apóstol San Pablo nos recordaba una serie de actitudes que son indispensables en la vida de todas las familias. Todas estas actitudes brotan del hecho de que Dios nos ha elegido a todos nosotros y nos ha consagrado a Él. Dios ha derramado su amor en cada uno de nosotros.
  10. La razón fundamental de de la vida de toda familia la encontramos en el amor que Dios nos tiene. Somos lo que somos gracias al amor que Dios nos ha manifestado. Por eso, porque Dios nos ha amado de una manera infinita, es por lo que nosotros debemos amarnos los unos a los otros.
  11. Este amor mutuo hemos de tenerlo para con todas las personas que nos rodean. Y así como Dios no hace distinción de personas al derramar su amor, así también nosotros hemos de amar a todas las personas que nos rodean sin preferencias ni rechazos. No le podemos negar nuestro amor a nadie.
  12. Pero, en donde hemos de manifestar de una manera muy especial nuestro amor ha de ser en el seno de nuestras familias. Allí es en donde hemos de dar lo mejor de nosotros mismos. Pero… esto es algo que muchas veces se nos olvida y como que pensamos que los demás, por el hecho de que son nuestros familiares tienen la obligación de aguantar nuestras rabietas y nuestras faltas de caridad, nuestras terquedades, nuestras groserías y nuestras injusticias.
  13. El amor se manifiesta en formas muy concretas. San Pablo en la segunda lectura nos recuerda hoy algunas de las actitudes que han de ser la manifestación del amor que nos tenemos los unos a los otros.
  14. Primeramente nos dice que hemos de ser compasivos. La compasión que se nos pide se manifiesta en la solidaridad que hemos de mantener entre nosotros. No podemos desentendernos de las penas y de los sufrimientos de los demás.
  15. En muchas familias falta la solidaridad. Cada quien busca su propio interés y se desentiende de los demás. Esa es una de las actitudes que causan mucho daño en los hogares. Hemos de solidarizarnos en las cosas grandes y en las pequeñas. Con los mayores y con los niños. En las alegrías y las penas. Los hogares serán verdaderamente hogares en la medida en la que todos se sientan queridos y aceptados por los demás.
  16. San Pablo agrega que hemos de ser magnánimos. La magnanimidad hace referencia a la generosidad. Ofrecer a los demás nuestro amor sin límites y sin escatimar nada. No ser agarrados ni tacaños. No encerrarnos en nuestros propios intereses. Debemos dar lo mejor de nosotros mismos y de esta manera siempre recibiremos lo mejor.
  17. Hay personas que no saben compartir lo que son y lo que tienen con los demás. Y después se sienten solas. En cambio, cuando nosotros tenemos el corazón abierto a los demás, poco a poco se irán abriendo los corazones de los que nos rodean y nos ayudaremos unos a otros en todas nuestras necesidades.
  18. Luego, San Pablo nos recuerda que hemos de ser humildes. El orgullo dentro de las familias es lo que causa la mayor parte de los problemas. Se necesita humildad para reconocer que todos necesitamos cambiar porque no somos perfectos. Necesitamos humildad para aceptar que hacemos sufrir a los demás con nuestras actitudes intransigentes y necias.
  19. La humildad nos capacita para pedir perdón a los que hemos ofendido. La humildad nos abre a las correcciones, con lo que podemos ir mejorando y cambiando para nuestro bien. La humildad nos ayuda también a reconocer las cualidades de los demás con lo que nos sentiremos animados a amarlos más.
  20. San Pablo nos habla de una virtud que a veces la desconocemos. Nos pide que seamos afables. La afabilidad es una mezcla de amabilidad con alegría. Es una amabilidad alegre. Es una alegría amable. Esto hace que las personas que nos rodean se sientan aceptadas y queridas. Ese es el secreto de un buen ambiente familiar.
  21. Y finalmente San Pablo nos aconseja que seamos pacientes. La paciencia la necesitamos para poder aceptarnos mutuamente y para perdonarnos cuando tengamos quejas contra otro. Cuando nosotros perdonamos no estamos haciendo nada extraordinario. Simplemente estamos dando lo que el Señor nos ha dado tantísimas veces: el perdón.
  22. San Pablo nos recuerda que sobre todas estas virtudes, hemos de tener entre nosotros amor, que es el vínculo de la perfecta unión. Este amor hará que en nuestros corazones reine la paz de Cristo, esa paz a la que hemos sido llamados, como miembros de un solo cuerpo.
  23. Finalmente nos pide que seamos agradecidos. Agradecidos con Dios y con los demás. Cuando sabemos agradecer lo que recibimos, estamos abriendo la puerta para recibir más beneficios. En cambio cuando somos mal agradecidos, cerramos las puertas y terminaremos ahogándonos en nosotros mismos.
  24. Pocas veces, en nuestras familias, agradecemos lo que recibimos de los demás. Pareciera como que pensamos que los demás tienen la obligación de atendernos, de tenernos consideración y de darnos lo mejor. Hemos de agradecerlo todo. Hasta lo más sencillo.
  25. Hermanos, esto que nos dice San Pablo debería ser para todos nosotros un verdadero programa vida. No es solo un programa para los papás. Es un programa para todos y cada uno de los miembros de una familia. Desde los más pequeños hasta los más ancianos.
  26. Todos los miembros de la familia son responsables de la vida de la familia. El ambiente que reina en un hogar es fruto de lo que cada uno aporta a la vida del hogar. Todos y cada uno de nosotros estamos llamados a ser felices y a construir un mundo mejor. Vivamos lo que hoy nos ha dicho la Palabra de Dios. Imitemos a la Sagrada Familia de Nazaret.
  27. Que el Señor nos ayude a sembrar en el mundo la semilla de una nueva humanidad que sea el reflejo del amor que Dios nos tiene. De nosotros depende el que las nuevas generaciones puedan vivir en un mundo distinto al que nos ha tocado vivir nosotros. El que siembra el bien recogerá el bien. El que siembra el mal recogerá el mal.

 

Oración de los fieles

 

Sacerdote: Sabiendo que somos hijos de Dios, que nos ha congregado formando una sola familia, presentemos con confianza nuestras intenciones y necesidades.

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Sacerdote: Padre, escucha nuestras oraciones, ayúdanos a crecer en gracia y en sabiduría, y haz que siempre vivamos en el amor a Ti y a nuestros hermanos. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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