1. Hoy celebramos la solemnidad de la Epifanía del Señor. La palabra Epifanía quiere decir manifestación. Esto quiere decir, entonces, que nosotros hoy estamos celebrando la manifestación de Cristo como el Salvador de toda la humanidad.
  2. Cristo primeramente se manifestó al mundo por medio de su nacimiento. Con eso nos estaba diciendo que Él es Dios con nosotros. Su nacimiento es el cumplimiento de las promesas que Dios hizo de enviarnos un salvador. Su primera manifestación fue para el Pueblo de Israel, el Pueblo elegido por Dios.
  3. Luego, Cristo se manifiesta como el Salvador, pero ya no solamente del Pueblo elegido, sino como el Redentor que ha venido a salvar a toda la humanidad. Cristo se presenta como el Señor de todos los pueblos.
  4. Esta manifestación la hace en la persona de esos Magos de Oriente quienes, después de haber visto la estrella que anunciaba el nacimiento de Cristo, se pusieron en camino para ir a adorarle.
  5. Las lecturas que hemos tenido el día de hoy nos invitan a fijarnos en algo muy importante: Jesús, desde su nacimiento fue un signo de contradicción para los hombres.
  6. Para unos, como los Magos de Oriente, para María y para José; para los pastores, para Simeón y para Ana la profetisa, la manifestación de Cristo es motivo de esperanza y de alegría. Es Dios que viene a salvarnos.
  7. Pero para otros, que viven en Jerusalén y que tienen en sus manos tanto la autoridad política, como el Rey Herodes o los que tienen en sus manos la autoridad religiosa como los sacerdotes y los maestros de la Ley, la manifestación de Cristo es sentida como una amenaza que los lleva a tomar la postura del rechazo.
  8. Desde los comienzos de su vida terrena, Jesús ha sido siempre una bandera discutida que a unos ha llenado de gozo y que a otros los ha llenado de odio y de deseos de destrucción. Lo fue en el tiempo que vivió en Israel y lo ha sido a lo largo de los siglos.
  9. Y todo esto quiere decirnos que, ante Cristo, no podemos permanecer indiferentes. Ante Cristo, siempre hay que tomar postura. Cristo marca la historia de la humanidad y se quiera o no, ante Él no se puede permanecer indiferente.
  10. Esto que nos presenta hoy el Evangelio, es algo que se ha repetido constantemente a lo largo de la historia de los pueblos y de las personas. O estamos con Cristo o estamos en contra de Cristo. Pero no podemos permanecer neutrales.
  11. Aquellas personas que no quieren comprometerse con Cristo o que dicen que Cristo no les importa ni les interesa, de hecho ya han tomado una actitud en contra de Cristo. Porque, como nos decía Jesús: el que no está conmigo, está contra mí y el que no recoge conmigo, desparrama.
  12. Hoy se nos invita a preguntarnos, con toda sinceridad, acerca de cuál es verdaderamente nuestra actitud personal respecto de Cristo. Porque no basta con decir que nosotros somos cristianos y que por lo mismo se supone que nosotros hemos hecho una opción por Cristo.
  13. Hay muchas personas que se dicen ÇcristianasÈ, pero que su vida no es la expresión de lo que debe ser una vida cristiana. Dicen que son cristianos pero:
  • Jamás hacen oración,
  • Desconocen la Sagrada Escritura,
  • Son infieles en sus hogares, son injustos en sus negocios.
  • No son responsables en lo que les toca hacer.
  • No asisten a la Santa Misa,
  • No saben nada de la doctrina cristiana,
  • Se dejan llevar por los vicios, la violencia y la maldad,
  • No viven en la gracia de Dios,
  • Se dejan llevar por la mentira, el robo, la fornicación.
  1. Todo esto significa que son cristianos solamente de nombre. De hecho no han abierto la vida ni el corazón a la acción de Cristo que ha venido a salvarnos y a darnos una nueva vida.
  2. Nosotros manifestamos cuáles han sido nuestras opciones a través de nuestras obras y de nuestra manera de vivir. Si nosotros vivimos de acuerdo a lo que Cristo nos enseña en el Evangelio, significa que estamos con Cristo.
  3. Pero, si nosotros vivimos de una manera distinta a lo que Cristo nos pide en el Evangelio, esto quiere decir, con toda claridad que hemos preferido otras cosas en vez de preferir a Cristo.
  4. La actitud que nosotros tengamos hacia Cristo, necesariamente se va a manifestar en nuestra manera de actuar y de vivir. Los Magos de Oriente al descubrir en el firmamento la estrella del salvador, dejaron sus casas y su tierra para ir a adorarle llevándole dones.
  5. También los Pastores, dejaron las ovejas y fueron a buscar en Belén al Niño recién nacido, llevándole los pobres y sencillos regalos que podían ofrecerle en medio de su indigencia.
  6. Pero, por otro lado, también los que no se sentían felices por la llegada de Cristo el Salvador, manifestaron en sus obras la actitud negativa que llevaban en sus corazones. El Evangelio nos cuenta que Herodes prepara un plan para destruir a Cristo recién nacido. Aparenta interés por el Niño, pero no deseando ponerse a sus pies, sino buscando la forma de matarlo.
  7. La actitud de los doctores de la Ley y la de los Sacerdotes fue la de la indiferencia. Una indiferencia que, a pesar de saber en qué lugar había de nacer Cristo, le cierran las puertas de sus corazones para no dejarlo entrar en sus vidas.
  8. La actitud de los doctores de la Ley y de los Sacerdotes nos recuerda la de todos aquellos cristianos que, conociendo perfectamente la Palabra de Dios y lo que Dios les pide, sin embargo no hacen nada por ponerlo en práctica. Se conforman con saber y no tratan de vivir.
  9. La presencia de Cristo en medio de nosotros nos pide abrirle la puerta para que Él pueda llenarnos de su gracia y pueda llevarnos por caminos nuevos y distintos. Es necesario que nosotros nos decidamos a vivir un verdadero cambio en nuestra manera de actuar.
  10. No tengamos miedo de dejar muchas cosas que hasta ahora han formado parte de nuestra vida, pero que no son agradables a los ojos de Dios. Los Magos de Oriente no tuvieron miedo de dejar sus casas y su patria, porque sabían que iban al encuentro del verdadero Señor de los cielos y de la tierra.
  11. El camino que emprendieron no fue fácil ni sencillo. Posiblemente en algún momento sintieron el desánimo y pensaron que iban detrás de una ilusión. Pero la fe y la esperanza fueron las que sostuvieron su esfuerzo.
  12. La estrella que los guiaba se ocultó a sus ojos. Pero ellos buscaron y preguntaron con tal de poder encontrar al Hijo de Dios hecho hombre para salvarnos. La respuesta les llegó de parte de los mismos enemigos de Cristo. Ellos la aceptaron y llegaron a la meta que se habían trazado.
  13. Ellos no llegaron con las manos vacías. Llevaban sus dones. Oro, Incienso y Mirra. Esos dones eran toda una profesión de Fe. Llevaban Oro, reconociendo que Cristo es rey. Llevaban Incienso, reconociendo que ese niño recién nacido es Dios. Y llevaban Mirra, que confesando que ese niño es el mismo Dios hecho hombre por nosotros.
  14. Nosotros estamos invitados a acercarnos a Cristo. ¿Qué le vamos a ofrecer? ¿Qué es lo que Jesús espera hallar en nuestras manos? ¿Cuál es el regalo que Jesús espera recibir de nosotros?
  15. Hay muchas cosas que Jesús espera. Por ejemplo:
  • Una vida cristiana tomada en serio.
  • Una actitud amorosa y responsable en nuestros hogares.
  • Un corazón liberado de los odios, rencores y deseos de venganza.
  • Un esfuerzo por conocer cada vez más y mejor la Palabra de Dios.
  • Un esfuerzo por construir la Paz con aquellos con los que convivimos.
  • Un espíritu misionero que nos lleve a dar a conocer a Cristo a todos aquellos que no lo conocen.
  • Una actitud firme y valiente que no se avergüence de seguir a Cristo.
  1. Cada uno de nosotros tiene algo que ofrecer a Cristo. Acerquémonos hoy, juntamente con los Magos de Oriente y pongamos con humildad nuestro regalo a los pies de Jesús. El sabe lo que cada uno de nosotros puede ofrecerle. No lo vayamos a defraudar.
  2. Que esta Fiesta de la Epifanía del Señor nos prepare para vivir este año que comienza con una entrega más viva y generosa. Aprovechemos todas las ocasiones que se nos presenten para hacer que nuestra vida cristiana sea cada vez más viva.
  3. No se nos olvide que todos nosotros vamos a dejar esta vida y que lo único que nos vamos a llevar para la eternidad es el bien que nosotros hayamos hecho durante nuestra existencia. Cada día que pasa hemos de llenarlo de buenas obras que nos estarán esperando para cuando lleguemos a la presencia de Dios.

Oración de los fieles

Sacerdote: Hermanos, sigamos la estrella que nos conduce a Belén y vayamos al encuentro del Señor, sabiendo que Él es el Dios-con-nosotros, el Dios nuestro. Presentémosle nuestras peticiones.

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Sacerdote: Señor, escucha nuestras súplicas filiales, manifiéstanos tu verdad, háblanos al corazón, y haz que nuestra vida sea un anuncio gozoso de tu salvación universal. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.

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